El Banco de México (Banxico) enfrenta un debate interno sobre el rumbo de su política monetaria. De acuerdo con las minutas de su última reunión de política monetaria celebrada el pasado 24 de septiembre —en la cual la tasa de referencia se mantuvo en 6.50% por cuarto mes consecutivo—, la Junta de Gobierno registra posturas divididas respecto a la conveniencia de relajar las condiciones crediticias en el corto plazo.
Posturas a favor de evaluar un recorte
El documento oficial reveló que al menos dos integrantes del órgano de gobierno consideran que existen elementos para discutir una baja en la tasa de interés en las próximas reuniones, siempre y cuando la trayectoria de los precios lo permita:
- Evolución desinflacionaria: Uno de los miembros argumentó que, conforme los determinantes de la inflación sigan apoyando la convergencia al objetivo, se podrá evaluar una disminución puntual en la tasa de referencia.
- Ajuste fino: Otro integrante señaló que existen bases para abrir la discusión sobre un ajuste a la baja, matizando que no se trata de una medida anticipada, sino de un análisis supeditado a que la tendencia inflacionaria continúe a la baja y los mercados financieros operen de manera ordenada.
Por su parte, un tercer miembro adoptó una postura intermedia, señalando que la posibilidad de un recorte podría valorarse más adelante si las condiciones macroeconómicas así lo permiten.
Posturas de cautela y resistencia
En contraste, el ala más conservadora de la Junta de Gobierno frenó cualquier expectativa de flexibilización inmediata:
- Un integrante defendió la necesidad de mantener el rédito sin cambios para hacer frente a los riesgos persistentes sobre la inflación, exigiendo un monitoreo estricto de las expectativas inflacionarias.
- Otro miembro advirtió que la postura monetaria debe sostenerse en niveles restrictivos por un tiempo prolongado, apuntando incluso a la necesidad de vigilar un posible acoplamiento ante las decisiones de la Reserva Federal (Fed) de Estados Unidos para proteger el tipo de cambio y evitar presiones cambiarias ante un diferencial en mínimos históricos.
Pese a este debate interno sobre el futuro de las tasas, cabe recordar que la decisión de mantener la tasa en 6.5% se tomó por unanimidad, reiterando el banco central que México cuenta con fundamentos propios y que la política monetaria nacional no tiene por qué replicar de manera mecánica los movimientos de la Fed.
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